
Para desearte felices fiestas quiero explicarte dos historias. La primera cuenta a experiencia de unos chicos que son unas de las personas que más me han impresionado en este año que termina. Me topé con ellos, en julio pasado, cuando reclamaban un trato justo. Justicia es lo que el mundo nunca les ha dado a ellos, que vinieron a vivir a Cataluña desde Senegal, Gambia, Ghana... Muy jóvenes, alrededor de los 18, se lanzaron a la aventura por una vida mejor. Y se han equivocado ellos, han sufrido errores de otros, pero me impresionaron justamente porque, por muchos errores que hayan sufrido, mantenían calro un horizonte: Mejorar.
Hacerse más buenos. Suena, como música de fondo, el Cant de la Sibil·la milenario, ese canto gregoriano que plasma el maniqueísmo de la rueda del bien y del mal, de la luz y la oscuridad, cada Nochebuena en las iglesias mallorquinas desde hace siglos, a pesar del Concilio de Trento. El mundo se asoma a su fin, a la oscuridad, las montañas tiemblan, las rocas se parten, en esa noche tan larga que parece dominarlo todo, expica el canto. Pero de repente, esa noche, la luz que se ha ido acortando renace. El bien vuelve a tener una perspectiva de triunfo. Vuelbe a girar la rueda eterna de la naturaleza. Pero lo hace de una forma distinta, porque ha nacido alguien que encarna la voluntad de primar la cara buena, la de la luz, en esta rueda inexorable del sol y de la noche. Hombres y mujeres de buena voluntad, como los de la foto. Personajes de la Navidad.
La Navidad es un personaje, pero también un lugar: el establo de Belén. Y, en este año en el que he vuelto a Barcelona y allí he conocido tantos personajes y tantos lugares, quiero recuperar uno de los que he recorrido en la segunda historia con la que te quiero felicitar la Navidad. La familia de José y de María se refugió, durante su desplazamiento, en un viejo establo. Estos chicos de la segunda historia se refugian durante su migración en una vieja nave industrial. No es en Belén, en el otro extremo del Mediterráneo, ni ocurrió hace dosmil años. Allí y entonces, Jesús se hizo carne para hablar a la gente concreta que le rodeaba: los pastores. Aquí y ahora, estas historias nos pueden recordar su mensaje: en la rueda, busquemos el bien, busquemos mejorar.
¡HAGÁMOSLO ESTE 2010!
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